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Rey, José

Nac. 26.02.1738. Párroco en Belleydoux 1803-08. Párroco de Crozet (en el país de Gex, Dióc. de Ginebra) cuando estalla la Revolución. Jura la Constitución Civil del Clero (Cf.) persuadido que la misma no sería contraria a la fe y que lejos de atacarla pretendía reformas civiles que la beneficiarán y servirían para gloria de la sta. religión. Continúa como párroco y percibe 1303 libras anuales. Al darse cuenta del giro que iban tomando los acontecimientos, se retracta del juramento prefiriendo el exilio. Emigra a Turín 1793. Vuelve a Maurienne en 1794 y por temor presta el juramento de Albitte (Cf.) renunciando a su sacerdocio. Tiene entonces 56 años. En 1800 se retracta. Desgraciadamente muere el sacerdote que cumplía gestiones para su readmisión a la Iglesia. Su calvario continúa, viéndose obligado a esconderse en granjas aisladas de Girón para escapar a la implacable persecución desatada contra él por un co-Hno que según su propia expresión era “como león rugiente”, debido a que Rey había atendido a uno de sus familiares enfermo. Agotado, suplica a uno de sus interlocutores en el arzobispado de Lyon que le ayude a salir del desgraciado estado en que “mi debilidad, mis enfermedades y mi edad y el temor de la muerte me han precipitado desgraciadamente sin que yo lo quisiera como lo prueba mi conducta”. (30.07.1802). Pide trabajar en la viña del Señor y usar los años que le quedan en la salvación de aquellos que los superiores quisieran confiarle. El año siguiente 30.04.1803 le nombran párroco de Belleydoux en lugar del misionero Vuillermoz (Cf.). Tuvo que sufrir las consecuencias de que en Belleydoux el párroco no gozaba ni de casa propia, ni de jardín, ni tierras de la parroquia. Habita una pobre casa alquilada por la alcaldía. La Iglesia que había sufrido las violencias de la Revolución se encontraba en mal estado: no tenía campanario ni sacristía, carecía de ornamentos y otros enseres necesarios“. (EB p. 43). Gabriel aprendió de las palabras y ejemplos de este sacerdote la fe y la piedad eucarísticas que marcaron toda su vida”. (HF Cap. IV, p. 41).

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