Herramientas de usuario

José Silvano, HSF

JOSÉ SILVANO PONCET. Nac. 02.11.1846. +03.02.1923. Profesión 01.10.1846. Profesión perpetua 1873.

Hermano mayor del Hno. León Benito (Cf.). Cuando en 1862 el HG visitó Belleydoux para la erección de la Cofradía de Sta. Ana, en la Capilla que había restaurado por su cuenta siguiendo una tradición familiar, inquirió acerca de las buenas familias de la parroquia y de los jóvenes en edad de poder enrolarse en la sociedad religiosa que él estaba fundando. Sin duda una de las familias fue Simón Poncet que había sido su compañero de infancia. En esta familia profundamente cristiana, Dios iba a elegir para su servicio a los dos hijos menores José Silvano y León Benito. La entrada de los mismos en Belley se aplazó un año más, lo que les permitió madurar en la oración y reflexión su piadoso proyecto de vida futura. El 05.09.1863 llegaban a Belley los dos piadosos jóvenes visitados el año anterior, acompañados por otros dos compañeros, Julio Benito Poncet, futuro Hno. Julio Benito y Antide Chapelu, futuro Hno. Antide. La llegada a Belley de estos cuatro reclutas, venidos de una parroquia tan querida por los primeros Hnos., fue saludada con mucha alegría. Las buenas disposiciones de los cuatro postulantes, se fueron perfeccionando y le valió la perseverancia hasta el fin de sus vidas.

El Hno. José Silvano, hijo de Simón Poncet y María Carlota Guenard, había nacido el 02.11.1846 en Gobet, comuna de Belleydoux en el distrito de Oyonnax (Dpto. Ain). Profesión 01.10.1846. Al salir del noviciado el Hno. José fue enviado como maestro ayudante a Miribel, Côtes d’Arey, Villette, La Trinité (París). Luego a Pont de Beauvoisin y a S. Pierre d’Albigny. En 10.1870 cuando solo tenía 24 años, el Hno. Amadeo lo encargó de la escuela de Cruseilles como Director, en circuntancias particularmente delicadas. Tuvo que reempazar al Hno. Marcelo, de salud muy precaria, que dejó la dirección para ocuparse de las clases menores. El nuevo Director tuvo que restablecer la disciplina, dado los abusos que se habían introducido a causa de las dolencias de su predecesor. La firme severidad y la infatigable constancia del nuevo Director, siempre igual a sí mismo, imperturbable frente a las travesuras de los chicos y a los gestos de rebeldía de los grandes, dominaba los culpables sin las fuertes represiones que exasperan al infractor, pero con la perseverancia que lo cansa y lo trae lentamente al buen camino. Una vez restablecido en la escuela el orden y la disciplina, la tarea educadora del joven Director se hizo mucho más fácil. Los vientos de laicización que soplaban ya en esa época en Francia, creaban problemas a los Hnos. y el Hno. José tuvo que sufrir también dificultades tanto en Boëge como en Reignier. Ambas escuelas tuvieron que cerrar sus puertas poco después como consecuencia de la hostilidad de quienes la combatían. El Hno. José Silvano partió de Reignier el 16.06.1886. Los otros Hnos. lo hicieron en 05.1887. El nuevo campo de acción confiado por los superiores fue el pensionado de Ceret. Allí había un Hno. demasiado estricto, que exigía de los internos una perfección de conducta que ni siquiera se pedía, al decir del Hno. José Silvano, a los novicios de la Casa Madre. La mayoría de los internos quedaban en penitencia durante el recreo por sus pequeñas faltas, haciendo copias. Tenían que copiar pocas líneas, es cierto, pero se les mandaba repetirlas hasta que no se encontrara el menor defecto exarcebando la paciencia del alumno en falta.

“Dios me libre, decía el Hno. José, de querer suprimir toda disciplina; pero estoy persuadido de que llevada a su extremo, llega a apartar a muchos niños del establecimiento”. Este Hno. tan severo fue reemplazado y el Hno. José se complacía sin reticencias en reconocer la buena voluntad y el éxito del nuevo encargado: “este querido Hno. tiene verdaderamente todas las cualidades de un perfecto educador. Sabe unir la bondad a la firmeza, sacar provecho de todas las ocasiones para corregir e intruir a los niños que lo aman y respetan”. Por entonces el Hno. Amadeo Superior General, soñaba con fundar fuera de Francia una casa de la Congregación.

Ya el Capítulo de 1885 había sido informado de eso. Las circunstancias hicieron que el Hno. Amadeo se fijara en América del Sur. Una carta del párroco de S. Carlos en la Argentina en cuya parroquia había un grupo de familias francesas y luego algo más tarde la visita a Belley del Sr. Dumoulin Varonne establecido en Uruguay y ligado a nuestra Congregación por muchos lazos, atrajeron su atención. La generosidad del Sr. Dumoulin, iniciador de la fundación y sobre todo el claro deseo de Su Santidad León XIII, manifestado por el secretario de estado Cardenal Rampolla, motivaron la realización de la obra. El Hno. elegido para dirigir esta empresa, debía tener un profundo espíritu de fe y una confianza sin límites en la Providencia, tacto, serenidad de carácter, espíritu de sacrificio, junto a una indomable contancia, ya que dificultades de toda clase surgirían, pese a las seductoras apariencias que presentaba una fundación solicitada por numerosos pero hipotéticos protectores. La elección del Hno. Amadeo recayó primero sobre el Hno. Carlos quien se vio obligado a rehusar. Pensó entonces en el Hno. José Silvano, que tenía todas las cualidades requeridas y era de edad madura: 43 años. Nuestro Hno. manifestó sus temores pero quedó a disposición. “Sólo temo que mis actitudes no están a la altura de la obra a comenzar. Cuento más bien con el soccorro de lo alto logrado por las fervientes oraciones de los miembros de la congregación”. Todo el Instituto fue puesto en clima de oración, incluso “a fin de tener más eficacia en dichas oraciones“ (pater, ave y el saludo a S. José) las mismas debían hacerse con los brazos en cruz hasta el 15 de marzo, pero para poner bajo la protección de Jesús, María y José la misión de los Hnos. en el nuevo mundo, se continuaría hasta setiembre.

El 18.02.1889 es una fecha muy importante en los anales de la Congregación. Ese día un pequeño grupo de Hermanos: José, Víctor, Camilo y Dionisio; cruzaban los límites de su Patria y marchaban a lo desconocido, llevados por su amor apostólico. Los Hnos. habiendo salido de Belley el 18, se embarcaron el 20 en Burdeos en la Nerthe. El 20 de marzo desembarcaron en Montevideo, donde el P. Luquese - vicario general - los esperaba en el puerto. Se alojaron primeramente en los PP. Capuchinos a la espera de la casa propia, que los bienhechores de Montevideo no habían querido elegir sin consultar a los Hermanos. El mismo día 20 el Sr. Dumoulin, presentó a los Hnos. al P. Juan Antonio Bimbolino - Párroco de la Aguada - y que lo iba a ser del futuro Colegio. Después de varios días de conversaciones y de visitas a diversos lugares; finalmente el Hno. José Silvano tuvo la suerte de encontrar un modesto local en el número 57 de la esquina Lima y Yaguarón. Se formó una comisión de damas que se encargó de amueblar las clases y las habitaciones de los Hnos. y el 1º de julio se abrió el Colegio que llevaría el nombre de Sagrada Familia.

Por entonces desde hacía más de un mes, lo Hermanos decían sus oraciones en castellano, en una traducción que fue hecha por el Hno. José y corregida por el Sr. Cura Párroco. Mons. Yéreguy había bendecido la casa que serviría de escuela y que comenzó con cuatro clases: tres pagas con cuarenta alumnos y otra gratuita con treinta. Durante el año 1890 y algunos meses de 1891, el Colegio pasó a funcionar en la calle Piedra Alta y Lima. Frecuentaba entonces 150 alumnos y en mayo de 1891 se trasladó al actual emplazamiento de Agraciada y Lima, en una casa nueva recién comprada. Con la apertura del Colegio comienza para el Hno. José una aplastante tarea, con una multiplicación de ocupaciones a las cuales solo podía enfrentarse una naturaleza endurecida por el trabajo, como era la suya. Con espíritu metódico encara una tras otra todas las cuestiones como si cada una exigiera la atención de todas sus facultades. Dueño de sí maduró sus proyectos y no se compromete imprudentemente sin haber previamente estudiado todas las posibilidades de éxito. Una calculada lentitud que otros trataríande apatía, le hizo evitar muchos fracasos. Su oficina de trabajo era reflejo de su carácter ordenado. En ella todo estaba en su lugar. La correspondencia y las cuentas al día. Dedicado a su tarea, absorbidos por sus ocupaciones, infundía en quien lo visitaba un temor respetuoso al entrar y a la salida el remordimiento de haberlo interrumpido. Siempre el primero en los ejercicios de regla, duro para sí mismo, pero muy complaciente para con sus Hermanos. A pesar del aspecto de austeridad reflejado por su persona, su presencia, sus consejos y sobre todo su ejemplo sostenía la comunidad que crecía cada año siguiendo el aumento constante de sus alumnos. A la dirección del Colegio agregó el trabajo de Administrador y Provincial (1892-99). El profundo espíritu que animaba a los primeros Hermanos les había valido simpatías por parte del Clero y los pedidos de fundaciones eran numerosos. En pocos años se fundaron cuatro colegios que educaban 450 alumnos: en San José (Hno. Dionisio); en Salto (Hno. Luis); Rocha (Hno. Aristide) y por fin Jacinto Vera en la parroquia S. Francisco de Montevideo, (Hno. Camilo). Cuando el Hno. José Silvano fue a Europa en 1900, los alumnos del Colegio de la Aguada pasaban los 400. Los internos que eran solo seis el primer año, llegaron a cuarenta en 1895. A mediados de 1897 al borde de la ciudad se halló un terreno que sirvió como campo de deportes y lugar de paseo y de reunión para los Hermanos. Era en el llamado Reducto. Luego fue la adquisición de Progreso como casa de descanso para los Hermanos en vacaciones, siempre con el asesoramiento y la contribución económica, incluso, del Sr. Dumoulin.

El nuevo Superior General, Hno. Carlos que acababa de suceder al Hno. Amadeo, quiso procurarle un bien merecido descanso al Hno. José, que como queda dicho, en 1899 llega a Belley. Vistas las cualidades del Hno.José, el Superior concibió el proyecto de tomarlo como Vice-superior. Pero el Hno. José sin salir de los límites de la obediencia le manifestó su incapacidad para un cargo tan delicado y respondiendo a sus deseos el Superior lo dejó volver a Montevideo. Como el Hno. Nicéforo ocupara estonces el puesto de Director y la importancia del Colegio exigía un ecónomo permanente, el Hno. José Silvano fue nombrado para este cargo, encargándose también de la explotación vitícola creada en Progreso, cuya importancia iba creciendo. Fue en este doble empleo que el Hno. José Silvano pasó los últimos 20 años de su vida, exceptuando un corto tiempo en la dirección del Colegio de la Aguada, entre la ida a Europa del Hno. Nicéforo y la llegada de su reemplazante el Hno. Gerásimo. En 1907 tuvo también participación preponderante en la fundación de Tandil en Argentina, que exigió varios viajes y estadía prolongada en dicho país antes de enviar el primer contingente de Hermanos.

El Hno. José fue siempre ejemplo de puntualidad a pesar de las molestias que aumentaban año tras año. Era la edificación de los co-Hermanos jóvenes, que llegaron muy numerosos a partir de 1912. Para todos era la venerable reliquia de otros tiempos, la austeridad de los primeros compañeros del Hermano Gabriel, cuyo compatriota era; la misma simplicidad de vida, el mismo escrupuloso cuidado de todo lo que atañía a la pobreza. Por temperamento era enemigo de toda condescendencia, que al hacer la vida más fácil embota el ardor por la pobreza y la mortificación. Observador fiel de la regla, no transigía con los infractores y sus palabras breves y concluyentes eran respaldadas por sus ejemplos. Su cortesía franca y simple desprovista de afectación, le valió sólidas amistades en todos los rangos de la sociedad y el nombre del Hno. José había adquirido una popularidad respetada en toda la capital Uruguaya. En 1920 siendo miembro vitalicio del Capítulo General, fue requerido en Villa Brea. Visto el estado precario de su salud, pidió y obtuvo la dispensa del viaje. El debilitamiento de sus facultades intelectuales, ensombreció sus últimos días y a veces la tristeza aparecía en su cara demacrada. En esos momentos de semi-inconsciencia la oración fluía de sus labios, mezcladas con palabras incoherentes. Así se apagó tranquilamente su vida el 03.02.1923 a los 77 años.

Dejaba una obra llena de vida: más de 2000 niños recibían la educación cristiana de un centenar de religiosos. Además un juniorato y un noviciado preparaban el futuro. El piadoso homenaje rendido a sus despojos mortales por gente de toda edad y condición social, proclamó por su espontaneidad y admiración la estima ganada por el Hno. José. (EN-R3, 526 - BFD).

Ver: Complemento de la Biografía con historial del colegio Sagrada Familia de Montevideo en “Cuadernos del Centenario”, Volumen Rojo, Doc. 1 y 2, Mdeo. 1989). Cartas: 14.08.63 / 12.04.64.

Hno. José Silvano

This website uses cookies. By using the website, you agree with storing cookies on your computer. Also, you acknowledge that you have read and understand our Privacy Policy. If you do not agree, please leave the website.

Más información